24/01/2006

URBE PROBETA por Jaime Moreno Villarreal


Reseña del poeta y crítico Jaime Moreno Villarreal, publicada en Confabulario, suplemento cultural del periódico El Universal, en mayo de 2004.

Urbe Probeta
La lectura de poesía como arte electrónico

Jaime Moreno Villarreal

Varios autores, Urbe probeta, cd, Filtro y Discos Konfort, México, 2003

La lectura de poesía en voz alta es un género mal cultivado en México. No porque falten las lecturas públicas, las presentaciones de libros, las lecturas en tertulias o en talleres literarios. La reducción de la poesía al texto impreso, rasgo antideclamatorio característico de la modernidad, volvió a la lectura en voz alta un tanto cuanto accesoria. El poeta dirá con sus razones que no es un rapsoda, y el público valora la audición en voz del autor como un acontecimiento carismático, haciendo abstracción de sus buenas o malas facultades. El ejercicio de la poesía entretanto, la escritura pura, pasa necesariamente por la emisión vocal. Mediante ella el poeta se articula, pone a prueba su respiración, su prosodia, sus ritmos y sus efectos. Ya que todo poema debe resistir alguna forma de pronunciación, la voz poética necesita de un buen lector, y muy raramente los poetas en México se preparan para serlo.


Entre nuestros mayores, Hugo Gutiérrez Vega y Eduardo Lizalde leen muy bien, aunque ambos lo hacen con aparato escénico, uno con el del teatro, otro con el de la ópera. Lejos de las tablas, al poeta ante su público se le puede pedir que, por lo menos, dé respiración a sus versos, que sepa contarlos, cortarlos y encabalgarlos, pero que no los marque cansinamente, que no ignore la propia tesitura, y sepa apoyar la voz y modularla. Que peque mejor de neutro que de precipitado.

Ante un panorama en que la lectura oral puede ser una tortura, la aparición del disco compacto Urbe probeta asume la voz poética de un modo fresco y propositivo. De un modo desviado. Su afán no es hacer escuela de recitación, sino abrir cauces a la diseminación de la poesía. La idea no puede ser más que bienvenida: un grupo de catorce poetas trabaja con dj’s y compositores de música electrónica (siempre bajo la dirección de un productor) para transportar sus poemas dichos o cantados a las sonoridades digitales.
El resultado vale ya por la apertura del juego. Imagino que cada experimento recogido en Urbe probeta planteó a los autores enfrentar el desafío de oírse, mientras que nutrían o cedían a las propuestas de los músicos. La voz electrónicamente modificada (filtrada, apagada, reverberada, retardada...) ofreció a algunos poetas la posibilidad de componer con su propia dicción. Otros, en cambio, aportaron simplemente su poema. El resultado es heterogéneo y desigual, pero la impresión que deja al oído y al gusto es renovadora.
Urbe probeta es un proyecto incluyente. No debió ser fácil acoplar tal variedad de propuestas: así lo demuestran la edición y masterización del disco. ¿Cómo darle sentido y equilibrio sonoro? Las dos primeras piezas (tan importantes para una producción discográfica) son débiles como arranque. Aunque la colaboración entre Enzia Verduchi y Plug en el primer corte resulta eufónica, el texto de Verduchi es demasiado prosaico. Acaso abrir con él fue una táctica para captar el oído de un público no necesariamente atento a la poesía. Mientras que la lectura del segundo poema, por su autor Hernán Bravo, es la más convencional del disco en términos de elocución; el poeta lee sin compenetración con el pulso y el fondeo musicales, más bien concentrado en los valores prosódicos del texto. Pasados estos extremos, el tercer corte, de Rocío Cerón, es la primera propuesta audaz: poesía y música se trenzan, nace un objeto nuevo en el que la recitación se torna melopeya. A la buena ecualización y efectos de voz se suma el canto medio, muy cálido, de Gabriela Vega. Buena producción de José Rendón.
A partir de aquí, con otros altibajos, el disco alcanza muy buenos momentos. “Ciudad puente”, de Mónica Nepote/Radar, es la única canción del cd (el género, quién lo diría, está desplazado; si la música electrónica no es muy dada a producir canciones, también es cierto que no es nada fácil hacer de un poema una canción). ¿Participa Mónica Nepote en las sonoridades? Parece ser que no. Se escucha de nuevo la media voz de Gabriela Vega, que sabe doblarse y hacer coros estupendos. “Fiesta” de Luis Ignacio Helguera/Vate es un trago fuerte. Poema agrio y entrañable en voz del autor, se convierte hoy, a un año de su muerte, en documento y casi en despedida para el oído de sus amigos. A este experimento notablemente fondeado con sampleos e intensidades de ruido blanco y ruidos filtrados, no le hacía falta el detalle efectista de Vate que repite, a la menor provocación, el loop de la palabra “verga”. El resultado es un estribillo que ni está en el poema ni viene al caso.

La pieza más lograda es “El despacho del juez” de Margarita Martínez Duarte/Bishop. Un buen poema, leído por su autora con firmeza llana, que se potencia con la musicalidad y las mezclas inteligentes de Bishop, y el excelente oído en la producción de Luis Alberto Murillo. La elaboración de este corte en nada violenta sino que trasplanta el poema a un género aparte. Leer y oír al mismo tiempo “El despacho del juez” es ingresar a otro modo de hacer poesía. También notable es el cierre del disco, “Sites” de xpollo/Manrico Montero. El poeta se dispuso a experimentar con un texto que se presta muy bien para hacerlo. Desgraciadamente, la producción no es buena. “Sites” es un poema narrativo y visual que propone una navegación por tres sitios de internet. La pieza consta de tres partes. En la primera, que abre un sitio de pornografía infantil, la voz del poeta es ininteligible de tan distorsionada. En la segunda el asunto no mejora y se vuelve acústicamente plano. La tercera parte, que abre un sitio de películas snuff —es decir, de asesinatos reales— es la mejor terminada, por virtud del texto y la lectura. Quizá los defectos de esta producción se deban a que Manrico Montero intervino como compositor, mezclador y productor, y esa tercia en un solo oído no siempre funciona.

Y ya que escucho Urbe probeta como una publicación dedicada a la voz poética, ¿qué tanto emiten con su voz los autores? Ernesto Lumbreras lee con una naturalidad envidiable, aunque su arranque fue precipitado y aprentemente fuera del tono del texto. Armando González Torres cedió la lectura de su “Seres de fin de semana” a Isabelle Malchioni, cuyo acento francés aporta un raro distanciamiento en el que, de nuevo, falla la producción: la lectora yerra al comerse sílabas y confundir vocales. Hay quienes leen muy bien, como Ricardo Pohlenz y Carla Faesler; supongo que ambos estuvieron atentos a la ecualización de sus voces, saben oírse. Faesler, quien no optó por un gran despliegue de efectos, pero sí por un lecho sonoro muy puntual, contrapuntístico si cabe decirlo, lee sin dilaciones, dice el poema con sobriedad y casi en tiempo real, y eso se agradece pues rechaza la sublimidad de los tiempos largos. Por el contrario, Luigi Amara lleva su poema al límite de la dicción creando una dilatada plasta sonora, irónica y enfadosa, en la que se interpreta histriónicamente. Lo odias o lo amas. Nadie fue tan lejos en Urbe probeta en el saludable escarnecimiento de la voz poética.

Como en los viejos elepés, los productores situaron las producciones menos logradas en los tracks antepenúltimo y penúltimo del lado B. “Reflexiones sobre un perro triste” no es un buen poema ni se presta, por su sentimentalismo sin guiño irónico, para hacer una pieza electrónica. Entretanto, el “Segundo poema softporno...” de María Rivera parece no haber sido comprendido por el músico ni el productor. Su giro irónico, festivo y en algo desesperante daba para mucho más. Esta es la pieza que tiene mayores problemas de tiempos largos en su emisión y acompañamiento sonoro.

Como primer paso, Urbe probeta sugiere la apertura de una nueva práctica que le hace falta a la poesía mexicana en el contexto del arte contemporáneo, en el que se están produciendo generos de arte sonoro, músicas visuales y esculturas sonoras. Hay mucho por hacer; desde luego, el paso siguiente sería acceder a otras aplicaciones multimedia. La poesía, sin demeritarse, puede abrirse a esos espacios. Es de notar que algunos de los poemas que mejor funcionan en el cd son de corte narrativo. Una referencia que sentí flotar en muchos cortes es el arte de contar historias de Laurie Anderson. Pero el diálogo de la poesía con la música en Urbe probeta se queda aún en el nivel de las mezclas de dj, y poco en el plano de las composiciones. En este cd hay mucho de trance, de ambient y un poco de acid jazz; pero, curiosamente, nada de hip hop, género basado en la rítmica emisión de palabras. Ojalá que las colaboraciones transdisciplinarias faciliten rumbos semejantes para las letras mexicanas, hasta el momento tan reacias a las contaminaciones. Urbe probeta podría mover cauces, ésta es su apuesta y su importancia. ¿Qué no sería nada nuevo, pues la música y la poesía se deben una a la otra? Cierto, pero en la voz de los poetas esto está muy olvidado.

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Historia de Urbe Probeta

A mediados del año 2002, un grupo de poetas y productores musicales nos reunimos con la intención de trabajar juntos en la realización de un disco. Lo que nos motivaba era la idea de enriquecer nuestras diferentes expresiones artísticas en su contenido, su estructura y en la manera en cómo éstas son normalmente ofrecidas al lector o escucha.

Cada uno de los participantes, tanto poetas como productores musicales, vive y trabaja en la Ciudad de México, por lo que desde un principio decidimos que el disco tuviera como tema esta ciudad. Así, por el lado de los poetas, nos dimos a la tarea de solicitar y buscar poemas inspirados en la cuestión urbana. Por otro lado, algunos de los productores musicales participantes ya tenían mucho tiempo trabajando con sonidos de la calle.

De esta manera, Urbe Probeta logra compilar una serie de atmósferas urbanas que pueden ser vistas como un kaleidoscopio de ventanas a través de las cuales el que escucha se asoma a situaciones diversas de la vida que una ciudad como la nuestra inspira. Cada una de las piezas musicales que integran el disco, es una composición original, hecha especialmente para este proyecto.

Los poetas invitados pertenecen a una generación que empieza a publicar y a tener visibilidad en revistas literarias y en otros medios en los años noventa en México. Todos tienen al menos un libro publicado y participan con frecuencia en suplementos y publicaciones periódicas. Algunos de ellos han sido premiados por su obra a nivel tanto local como nacional.

Los productores musicales, en su mayoría, participan en Colectivo filtro y en Konfort, una disquera independiente que ha tenido amplia presencia en la ciudad tanto a nivel popular como cultural, en lugares como el Museo X Teresa, Laboratorio Arte Alameda, Museo Tamayo, entre otros.

Urbe Probeta es una experiencia colectiva entre poetas y músicos mexicanos que capta un instante del quehacer cultural de hoy. Es una impresión del pulso de la expresión artística contemporánea en nuestro país.

La producción estuvo a cargo de las poetas Carla Faesler y Rocío Cerón (MotínPoeta) y de los productores musicales Bishop y Cristián Cárdenas.

Urbe probeta fue presentado con gran afluencia de público en el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo, en ciudad de México en mayo del 2004, así como en sedes fuera de México: El Ojo Atómico, Madrid, España, en el Instituto de México, París, Francia y en la India.

Este fue el primer proyecto de MotínPoeta.


Algunos links con información sobre Urbe probeta:

http://www.jornada.unam.mx/2004/03/10/03an2cul.php?origen=cultura.php&fly=2

http://www.el-mundo.es/laluna/2004/265/1081955393.html

http://discoskonfort.com/smusica/012.php

http://www.ojoatomico.com/programaabierto/urbeprobeta.html

http://www.cronica.com.mx/nota.php?idc=114362

http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=33928&tabla=cultura


Para mayores informes sobre el colectivo Motín Poeta y/o para adquirir este Cd, por favor escríbenos a:

Motin.Poeta@gmail.com